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Con 5.8 millones de habitantes y 21,040 Km2, El Salvador es el país más densamente poblado de Centro América. Su población está atravesando una transición caracterizada por la rápida urbanización, el descenso de la natalidad, la fecundidad y la mortalidad, provocando un desaceleramiento del crecimiento poblacional. Como resultado, los salvadoreños tienen ahora la probabilidad de vivir 25 años más que en 1950, o sea una esperanza de vida promedio de 71 años.
En el contexto socioeconómico, es un país de renta media y un Indice de Desarrollo Humano medio ( 0.722 para 2003). Las brechas entre lo urbano y rural persisten, en 2005 el 42% de la población rural vivía en condición de pobreza.
La alta vulnerabilidad medio ambiental se refleja en el hecho que en los últimos 10 años han ocurrido varios fenómenos naturales que se han convertido en desastres; huracán Mitch en 1998, dos terremotos en 2001 y la tormenta tropical Stan en 2005. Estos desastres han contribuido al deterioro de la seguridad alimentaria y nutricional de la población.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ubica al país en una condición de suficiencia alimentaria, es decir que existen suficientes alimentos para cubrir las demanadas de la población. Para el año 2003 la disponibilidad energética era de 2,556 Kcals/persona/día.
Sin embargo, el acceso a los alimentos es limitado para muchas familias debido al alto precio de la canasta básica de alimentos y a los bajos ingresos promedio. La relación entre los ingresos medios y el costo de la CBA es casi de 1:1, el salario mínimo urbano en 2006 fue de $154.8 y el costo de la CBA urbana de $144 para el mismo año. Es lógico esperar que los ingresos no son utilizados exclusivamente para compra de alimentos.
Otros factores que influyen en el estado nutricional de la población es el nivel educativo, el acceso a servicios básicos de saneamiento y de salud.
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